domingo, 25 de septiembre de 2016

Miedos.

Miedo, esa es la sensación que a veces me recorre por todo el cuerpo.
Miedo mezclado con incertidumbre de qué me deparará el futuro, qué trabajo obtendré, qué vida personal llevaré, quién seguirá conmigo, y quién se habrá ido de mi lado y habrá permanecido a este.

Dicen que es mejor mirar el presente, disfrutar de este, olvidar el pasado, que ya se fue, y esperar qué nos deparará el futuro, qué será nuestro presente incierto.
Y es que esa palabra que es definida por la RAE como "Angustia por un riesgo o daño real o imaginario" y "Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea" nos impide muchas veces disfrutar de muchísimas cosas que la vida nos regala.
El miedo a que algo nos salga mal hace que esa motivación a priori vaya decayendo a posteriori cada vez más. Y ese "recelo a que nos suceda algo contrario a lo que deseamos" nos impide disfrutar muchas veces de algunas situaciones y nunca nos ponemos a pensar que si ese "algo contrario"
sucede puede que sea mucho mejor que lo que en un principio estábamos deseando.
Y no sé si me explico... por lo qué un ejemplo no estaría mal ¿Verdad?
Hace cosa de dos años atrás una amiga mía nos comentó preocupada que no podía entrar en la carrera con la que siempre había soñado -Medicina- y que no sabía lo que hacer. Al final y creo que hasta dar muchísimas vueltas en su cabecita nos volvió a decir que iba a tirar por Nutrición, que estaba nerviosa, que no sabía que la depararía y si la gustaría o no... En fin, el dichoso dilema de si me equivocaré o no.
¡CÓMO SI EQUIVOCARSE FUERA ALGO MALO!¡CÓMO SI NO FUERAMOS HUMANOS!

Dejó sus miedos atrás y ahora la encanta lo que estudia. Que te guste o no, se nota. Se nota en la manera de hablar de sus prácticas, en la manera de decirte qué si y qué no es bueno comer, en la manera que te explica lo que a ti te suena a Chino ( u otro idioma que no entiendas) y que para ella es como un desayuno por la mañana, pues lo escucha todos los días, como si fuera una rutina.
A veces hay que apartar esos miedos para poder disfrutar, a veces hay que arriesgarse para poder ganar algo. A veces hay que tropezarse con una piedra, para poder verla la próxima vez.

Y quizás eso que nos atormenta se quede atrás con ese tropiezo.

Y quizás... se queden atrás muchísimos miedos más.


martes, 19 de abril de 2016

"Menos da una piedra, tú sabes."

Escribo, narro, cuento.

Ese día me levanté notando el ambiente diferente, alegre, divertido, lleno de felicidad. Caminando por la calle me di cuenta del buen humor que llevaba a pesar de la mala noche. Tras un rato andando, caminando de allí para allá, me topé con dos mujeres.

Iban hablando alegremente cuando escuché a una de ellas, "Menos da una piedra, tú sabes."
A veces las personas que han tenido más tristezas en su vida son las que más se esfuerzan para hacer felices a los demás. No esperan nada a cambio, simplemente se satisfacen con el hecho de que esas personas no pasen tantas tristezas como han tenido que pasar ellos.

Todo depende del cristal con el que mires al mundo, a la gente, a tu alrededor.

Cabe decir que por unas razones que ni yo sé, ese día miré al mundo, a la gente, en definitiva a mi alrededor con un cristal claro, trasparente, y lleno de felicidad, pues no hay peor ciego que aquel que no quiere mirar hacia la felicidad, hacia lo bonito de la vida, porque donde haya un cristal claro, que se quiten mil critales opacos.

Cristales opacos que no te dejan ver las pequeñas cosas de la vida, que a decir verdad, y como decía Nolasco y Junior "Son cositas tan pequeñas que a mi me saben tan grande..."

sábado, 2 de abril de 2016

Sobran ganas y voluntad.

Y si dijera que sobran ganas,voluntad y fuerza, no estaría mintiendo.

Ganas de ser feliz, de seguir siéndolo, de seguir conservando las buenas amistades y de echarle cuenta a la gente a la que importo. Que quien no aporte lo bueno, que se vaya con lo malo.

Ganas de quererme a mi misma, que nadie lo hará por ti. De disfrutar de mi, y de todo lo que me ocurra. Hacerme adicta de mi, por el mero hecho de que eso me gusta, por la simpleza de que me hace sentirme bien.

Pequeños detalles que llenan vacíos inmensos, pequeña felicidad que llena una gran tristeza.
¡Benditas pequeñas cosas! y nos pasamos la vida buscando las grandes cuando realmente sabemos, que las pequeñas cosas nos dan las mayores alegrías. Que lo mucho cansa, y lo poco gusta.
Y encima te deja con ganas de más.

Valorarse a uno mismo, y no, no te pierdas para valorarte después. Pues no hay peor pérdida de tiempo que tener que darnos cuenta de lo que realmente queremos, una vez perdido. Que no hay peor pérdida de tiempo que buscar lo que nos hace sentir mal, para ver así, que es tiempo de cambiar. Que lo que a principio, ganas, al final lo estás perdiendo.

Y sí, sobran ganas, falta el cambio.